Noche de Zombies
-Ya están listos los zombies-, anunció el asistente de dirección, a modo de recibimiento.
Los zombies, desconcertados, se miraron entre sí. No era el tipo de reacción que alguien acabado de regresar del más allá, espera del primer ser vivo con el que se topa.
Lo sabían porque antes de morir todos habían visto, alguna vez, La noche de los muertos vivientes.
-¿Listos para rodar?-, preguntó el director, a la vez que examinaba el aspecto de los zombies. No era tan bueno el efecto, la verdad.
Pero tampoco era hora de andarse con exquisiteces.
Total, aquella era una película de zombies, no el jodido Ciudadano Kane.
-Listos-, respondió el asistente.
Los muertos vivientes gruñían, impacientes.
-Vamos, que estos ya están metidos en el personaje-, señaló el director a los zombies y apuró al equipo.
-Estos zombies huelen a caca-, dijo el sonidista que, como todo sonidista, tenía buen olfato.
El director explicó la escena que rodarían a continuación.
Aunque para ser honestos, no había mucho que explicar, según dijo: la protagonista, una rubia de las que paran el tráfico, toda tetas, nada sesos ella, corría en ropa interior. Los zombies la atrapaban y se la comían.
Eso era todo.
En fin, que ahí nadie tenía la esperanza ir a Cannes con semejante esperpento de película.
El camarógrafo echó a andar la cámara.
-¡Acción!-, rugió el director.
Los muertos se lanzaron sobre la rubia y desgarraron sus escasas, diminutas ropas.
¡Vaya par de tetas! Pensó la productora, a quien le gustaban las chicas desde el bachillerato.
La rubia aullaba de dolor con cada dentellada que recibía.
¿Cuándo aprendería ésta a actuar? Se preguntó el director, sorprendido por los convincentes gritos de la actriz.
-¡Corten!-, se le oyó decir a continuación, una vez que la mujer quedó reducida a un amorfo guiñapo sanguinolento en el suelo.
Los miembros del equipo aplaudieron con entusiasmo el realismo de la escena y los zombies se relamieron de gusto, ahítos.
Justo entonces llegó la maquilladora con los figurantes, recién maquillados como muertos vivientes.
-¡Ya están listos los zombies!-, anunció.
La perplejidad sustituyó a los aplausos y el pánico a la perplejidad.
Tarde se percataban de que estaban rodeados por muertos vivos, muy muertos y muy vivos.
-¡Quién coño está tratando de quitarme el trabajo!- añadió, confusa y ofendida, la maquilladora al ver a los otros zombies.
Pero a nadie le alcanzó la vida para aclarar el malentendido.
©carlos caridad montero, 1998.
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